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Teopisca
A 34 kilómetros de San Cristóbal de Las Casas, el poblado de Teopisca se posa sobre el alargado valle que vio el peregrinar de las primeras tribus de cazadores y recolectores que poblaron Chiapas hace más de diez mil años. La arquitectura vernácula de Teopisca es su principal atractivo; su iglesia es una de las piezas más significativas de la categoría de "iglesias de indios" coloniales y que contiene uno de los mejores retablos barrocos chiapanecos que perteneció a la iglesia jesuita de Ciudad Real. Su gastronomía es una de las más socorridas de la zona; el tasajo seco acompañado por una guarnición de palmito en escabeche es uno de los platos más representativos.
Amatenango del Valle
El pueblo de las alfareras, llamado en su lengua Tz'ontajal. se localiza sobre una pequeña elevación que domina un fértil valle cubierto de cultivos, a 37 kilómetros de San Cristóbal de Las Casas. La iglesia colonial franciscana domina al caserío tradicional y a las huertas de esta comunidad tzeltal, célebre por las piezas de barro que las artesanas modelan a mano y luego cuecen con leña a cielo abierto, técnica que evidencia un fuerte ascendente prehispánico. Ollas, cántaros, tinajas, macetas y figuras zoomorfas son los productos de esta antigua tradición que evoca en el acto de mezclar tierra y agua, modelar el barro, secarlo y quemarlo, el primigenio acto de creación en la cosmovisión maya.
Aguacatenango
De Amatenango, la carretera Panamericana continúa hacia Comitán, pero un ramal conduce a Aguacatenango, también comunidad tzeltal y productora de textiles situada a orillas de una laguna temporal, en un valle que, como su vecino, fue recorrido por los primeros habitantes de Chiapas. En él se han recuperado instrumentos líticos que datan de 7000 años a.C. Sobre el caserío destaca la espadaña que remata a la iglesia del siglo XVII. El pueblo conserva mucho de su carácter original impreso por el urbanismo dominico.
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