Barra de San José, Chiapas, el último paraíso

Visitar el último paraíso en Chiapas, la Barra de San José, es una de las experiencias más espectaculares.

Por José Luis Castillejos Ambrocio

Barra de San José, Chiapas, México.- Cuando la ilusión se rompe en el horizonte, a miles de kilómetros, mar adentro, en el profundo oeste, donde el sol se oculta lentamente y se esfuma entre el oleaje, al tiempo que las gaviotas levantan su vuelo... nada se puede hacer.

Sólo queda evocar. Esperar el mañana, quedarse sentado frente a la arena y el mar, aspirando ese aroma a algas marinas y salitre, soñando y soñando.

Unas cuantas palmeras se regocijan con el viento, mientras en el restaurant de la “Güera” los turistas “levantan anclas” para desandar el camino andado.

A 15 kilómetros al oeste de Mazatán, por camino de terracería y a 41 kilómetros de Tapachula queda el “Último paraíso”: La barra de San José”, un lugar único donde anidan sueños, se rompen ilusiones, se descansa y se va a olvidar los males terrenales.

Es en la casa de doña Pilar y Don Rogelio, dos personas sencillas, humanas donde muchos recalan. Llegan hasta ahí turistas a saborear camarones fritos, caldos de pescado, filetes y otras riquezas del arte culinario. Su cocina, aunque rústica, tiene el encanto de hacer que el visitante regrese, año con año.

Y es hasta esa región, La Barra de San José a donde, el 17 de mayo del año 2000, llegó el entonces presidente de México, Ernesto Zedillo, a presentar los Programas de Manejo de las Reservas de la Biosfera "La Encrucijada" y "La Sepultura".

Llegó cargado de promesas, emocionado por el calor tropical, el apretón de la mano campesina, la sonrisa del pescador, la humildad de sus mujeres y la belleza del paisaje.

”Me da mucho gusto venir hoy aquí, a este hermoso paraje del municipio de Mazatán. Me da mucho gusto que por primera vez, como Presidente de la República, pueda yo venir a su municipio”.

Efectivamente fue la primera y la última, y difícilmente ahora los lugareños crean en nuevas promesas presidenciales como el Programa de Manejo de dos fundamentales patrimonios no solamente de los chiapanecos, sino de toda la Humanidad.

Zedillo consideró que era importante que las reservas estén claramente definidas en un decreto, y con ello, según él, su protección efectiva sólo se consigue si se tiene un programa de manejo, donde se especifique claramente qué se puede hacer y qué no se puede hacer en esas reservas, de manera que su desarrollo sea sustentable.

Ese desarrollo, primero que nada, debía ser consecuente con la procuración de los medios de vida para la gente que vive en los territorios comprendidos en la reserva pero, al mismo tiempo, que permita asegurar que en el futuro seguirán habiendo mexicanos que saldrán a la defensa del patrimonio natural.

Los programas oficiales, de hace cuatro años, incluían las propuestas de los expertos, así como de manera muy especial las propuestas de las propias comunidades que habitan en las áreas protegidas.

Sin el acuerdo, sin la participación de las comunidades, los programas de manejo, pues francamente no servirían de nada. Y eso fue lo que ocurrió se ignoraron olímpicamente las propuestas de los ejidatarios y hoy La Barra de San José sucumbe en medio del abandono oficial, con su carretera destrozada, falta de servicios como agua potable, alcantarillado y servicio médico.

De nada sirven las promesas oficiales o que se implementen programas para justificar los presupuestos nacionales si estos no van a cumplirse y, a la postre, constituirán un engaño más para los campesinos como la famosa siembra del marañón.

Ahí están todavía los marañonales, a la vera del camino, envejecidos, risueños, mostrando algunos frutos, como riéndose de la desgracia de los abandonados campesinos.

Chiapas es el estado para el que más áreas naturales protegidas se han decretado. Y Es la entidad donde más promesas han recibido la gente pobre.

Con su enorme riqueza natural, Chiapas tiene 15 áreas con una superficie total de 930 mil hectáreas, cerca del 13 por ciento del territorio chiapaneco.

Todavía resuena en los oídos campesinos la aseveración presidencial: “Ya todas estas áreas naturales cuentan con equipamiento, con recursos humanos especializados y presupuesto para su conservación, por primera vez las áreas naturales protegidas de Chiapas tendrán mejores condiciones para su protección integral en beneficio del ambiente y también, como debe ser, de quienes viven en las superficies protegidas”.

Eso es una mentira!, una farsa presidencial, según pude comprobarlo al recorrer la denominada “zona protegida”, seguramente Zedillo se refería en ese término a la “militarización” de la zona, donde efectivos de la Fuerza Naval patrullan la zona, la resguardan del acoso de los narcotraficantes.

Exactamente un año después de la visita de Zedillo, ni un día más, un un día menos, en el marco de las operaciones de vigilancia que realizaron las unidades aeronavales, de superficie y de infantería de marina de la Armada de México, aseguraron dos lanchas con dos motores fuera de borda y efectos varios, luego de ser avistadas por un avión tipo Maule de la Institución y perseguidas por una embarcación interceptora de la Armada.

Una de las lanchas sospechosas trató de esconderse entre los manglares en Barra de San José, Chiapas, quedando varada en la arena de la playa, dándose a la fuga sus tripulantes. A la otra embarcación hubo la necesidad de hacerle disparos de advertencia y a pesar de se dirigió a la costa en inmediaciones del poblado de San José, donde dio el playazo, los narcotraficantes que la ocupaban se dieron a la fuga.

A eso se refería Zedillo con el término de “Zona protegida”, no se trataba de proteger la ecología, sino de evitar que La Barra de San José sea también el paraíso del narcotráfico. El entonces presidente seguía la regla norteamericana: no dejar pasar, por nada del mundo, la droga que va desde las plantaciones amazónicas de Bolivia, Colombia o Perú.

De ahí la desilusión de los pobladores, muchos de los cuales aseguran que no les pavimentan la carretera por temor a que esta sea utilizada como pista de aterrizaje de las avionetas de los narcotraficantes, que llevan cargas de droga desde Sudamérica.

Pero quizás si se construya esa carretera que comunicaría a La Barra de San José con la “civilización” dejaríamos de ver cómo se remecen, a la orilla de mar, las flores de Jamaica o los plantíos de ajonjolí y como saltan los conejos al ser asustados por los vehículos.

Quizás, si ello ocurre, la Barra de San José deje de ser el “Último paraíso” y doña Pili ya no quiera hacer tortillas de maíz, ni freír pescados, ni don Rogelio lanzar las redes al mar y mucho menos “La Güera” querrá ya ser “Paquita la del Barrio” y su potente rockola ya no sonará nostálgica, ni Don Carlos Villarreal querrá cocinar.

Entonces, que no sea “Zona protegida”.

joseluiscastillejos@gmail.com

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