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Matilde, con traje tradicional, recorre calles para vender flores
vie, 8 de may de 2015|Compartir:

Tuxtla Gutiérrez, 8 May. (Notimex).- Matilde Sántiz, una mujer indígena tzeltal de 23 años, originaria de Tenejapa, municipio de la región Altos de Chiapas, recorre las calles de esta ciudad para vender sus flores, rosas rojas, que a veces abarata para encontrar mercado.
La mujer de Tenejapa en esta ocasión no lleva un huipil de su pueblo que es de color rojo, bordado a mano, una auténtica obra de arte, de gran simbolismo de origen prehispánico, sólo porta una blusa de manta, bordada en listones multicolores.
Su falda es larga de color azul oscuro, que luce, que exhibe la grandeza del pueblo originario de Tenejapa, que muestra la sabiduría de sus antepasados y a los capitalinos la riqueza de su cultura milenaria.
En entrevista, comentó que vive en la colonia Albania Alta de Tuxtla Gutiérrez, donde renta una vivienda, donde desde muy temprano realiza sus quehaceres en la casa, prepara todo, el desayuno y la comida para su esposo.
Enseguida, se dispone acompañada de sus hijos, de cuatro y siete años, a comprar su mercancía en el mercado o central de abastos, flores rojas, las que adquiere en paquetes.
Cada uno lleva lo suyo y para vender tienen que caminar en las calles de la capital, casa por casa a 10 pesos el pequeño arreglo, aunque admitió que a veces en vez de aumentar su valor, tiene que bajar el precio, para no perder mucho los ofrece a tres por 20 pesos.
Tuvo que salir junto con su familia de su lugar de origen para buscar mejores condiciones de vida, al igual que otros habitantes de su municipio que migran del campo a la ciudad en busca de empleo o de actividad que le signifiquen ingresos, recordó.
Santíz no se avergüenza de ser mujer, menos de ser indígena, para ella es una grandeza y sobre todo, que hable su lengua materna, tzeltal, que la practique con su familia y desea que sus hijos la usen.
La mujer indígena afirmó que su producto, su mercancía, tiene salida, la gente de la capital le compra, principalmente porque Tuxtla Gutiérrez es una ciudad zoque en que la mayoría de los hogares tiene en su sala un altar, el que adornan con flores.
Matilde Sántiz, ejemplo de entrega, trabajo, orgullo, tenacidad y de amor por su familia, reconoció que a veces se sientan en las banquetas, su pequeño hijo se cansa, pero luego de un descanso, siguen su recorrido.
Siempre viste de falda larga azul oscuro, faja de lana roja, blusa blanca de manta, bordada a mano por mujeres artesanas de su municipio, la modernidad no la hace perder su identidad.
Aseguró que no olvida a su pueblo, regresa a veces, para estar con su familia, pero no sabe cuánto tiempo radicará en la capital porque aun cuando en la ciudad paga renta, sus ingresos les alcanzan para su familia.
Sabe que existen muchas personas de su municipio fuera de sus lugares de origen, de muchos parajes, tanto en la capital, como en San Cristóbal de las Casas, incluso muchos de sus familiares han salido en busca de oportunidades de trabajo, de ingresos.
Ella, al igual que en su pueblo natal, no está de acuerdo en que se le tome fotografía, acepta a cambio de una remuneración económica, tampoco habla con cualquiera, ni es su estilo comentar su forma de vivir.
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